12 de enero de 2026
En los negocios, la quiebra es uno de los escenarios más temidos por cualquier empresario. Sin embargo, entrar en una situación de insolvencia no significa necesariamente el fin de todo.
Con una buena asesoría legal de empresas, como Jiménez Sierra Abogados, se pueden activar mecanismos eficaces que minimicen el daño, protejan el patrimonio y, en algunos casos, permitan una reestructuración o liquidación ordenada.
El primer paso es admitir que la empresa podría estar en peligro. Algunos síntomas comunes son: incumplimiento persistente de pagos a proveedores, dificultad para hacer frente a las nóminas, retrasos en deudas fiscales o con la Seguridad Social. Según expertos, una gestión financiera preventiva y un diagnóstico completo pueden ayudar a evitar una quiebra.
Negar la situación solo agrava el problema: es clave hacer un “escáner” interno de la tesorería, analizar el flujo de caja, y evaluar la viabilidad a corto y medio plazo.
Antes de llegar al colapso financiero, la ley concursal española ofrece mecanismos preventivos. Gracias a la reforma concursal, es posible recurrir a herramientas como el preconcurso o planes de reestructuración para renegociar deudas con los acreedores.
Estos mecanismos permiten ganar margen de maniobra, pactar quitas (reducción de deuda) o esperas (aplazamientos), y, en algunos casos, incorporar nuevos socios o inversores para sanear la estructura financiera.
Si la reestructuración no es suficiente, la siguiente etapa puede ser acudir al concurso de acreedores. En España, el concurso es el marco legal que regula la insolvencia de personas jurídicas (empresas) cuando no pueden cumplir con sus obligaciones.
Este proceso puede desarrollarse en distintas fases: diagnóstico de la masa activa y pasiva, presentación de un plan de viabilidad o convenio con los acreedores, o incluso liquidación en los casos más extremos.
Dentro del concurso, el deudor y los acreedores pueden acordar un convenio, es decir, un pacto legal con quitas y esperas.
En este escenario, la figura de un despacho experto en derecho concursal es esencial. La asesoría legal de empresas cobra un papel clave, ya que los abogados concursales pueden:
Tener un buen asesoramiento legal no solo aporta conocimiento técnico, sino que puede marcar la diferencia entre una quiebra ordenada o un cierre caótico con consecuencias reputacionales y patrimoniales graves.
Además del concurso, hay otras herramientas legales a tener en cuenta. Por ejemplo, la Ley de Segunda Oportunidad (para personas físicas y autónomos) permite la exoneración de deudas bajo ciertas condiciones.
Aunque no siempre aplica directamente a sociedades mercantiles, para empresarios que hayan avalado personalmente deudas o para negocios muy pequeños puede ser una vía para mitigar la carga financiera.
En caso de quiebra, los empleados pueden ver peligrar sus nóminas o sus prestaciones. Como señala la normativa, los trabajadores tienen derecho a reclamar sus deudas desde el proceso concursal.
Es fundamental que el empresario con asesoría legal transparente la situación y colabore, ya que una mala gestión de los derechos laborales puede derivar en responsabilidades adicionales.
Negociar con los acreedores es una parte esencial de cualquier estrategia de reestructuración. No es solo cuestión de pedir aplazamientos, sino de construir un plan creíble y bien estructurado que demuestre que la empresa tiene posibilidades de viabilidad si se le concede un respiro.
Un buen equipo legal ayudará a mediar estas conversaciones, facilitando acuerdos que eviten la quiebra cuando sea posible.
Mientras se negocia o se tramita un concurso, conviene diseñar un plan de contingencia: reducir costes innecesarios, optimizar operaciones, buscar fuentes de financiación externas, replantear la estrategia comercial…
Estos refuerzos combinados con el respaldo legal y una negociación adecuada pueden aumentar las probabilidades de salvar la empresa o, en el peor de los casos, minimizar las pérdidas.